Nuestra historia
Hace más de cincuenta años, un hombre llamado Don Francisco, conocido con cariño por familiares y amigos como “El Champion”, encontró en una pequeña fonda de Coyoacán mucho más que un negocio: encontró la oportunidad de construir un legado.
Aquella fonda ya llevaba por nombre Los Tres Caballos, en honor a los tres hijos de su primer propietario. Don Francisco decidió conservar ese nombre y, con trabajo incansable, visión y una enorme pasión por México, transformó ese pequeño lugar en uno de los restaurantes tradicionales más representativos de Coyoacán.
Pero lo que realmente hizo grande a Los Tres Caballos nunca fueron únicamente sus instalaciones, sus salones o el crecimiento del negocio. Fue la forma en la que Don Francisco entendía la vida.
Nació y creció en la Ciudad de México, en una familia numerosa. Tras el fallecimiento de su padre, asumió desde muy joven la responsabilidad de sacar adelante a su familia. Aprendió que el esfuerzo, la disciplina y el trabajo honesto eran el camino para construir un mejor futuro, y esos valores los llevó consigo durante toda su vida.
Era profundamente orgulloso de sus raíces mexicanas. Amaba la música de mariachi, tanto que incluso grabó un disco como cantante charro. Participó como extra en la película A Toda Máquina junto a Pedro Infante, realizando las piruetas que aprendió durante su etapa en Tránsito de Coyoacán. Su amor por México no era un discurso; era una forma de vivir.
Quienes lo conocieron recuerdan a un hombre generoso, alegre y hospitalario. Siempre rodeado de amigos y familia, ocupaba la mesa principal del restaurante recibiendo personalmente a quienes llegaban. Disfrutaba conversar, compartir historias y hacer que cada persona se sintiera bienvenida.
“Si sobró, es que no faltó.”
Esa frase nunca hablaba únicamente de comida. Hablaba de vivir desde la abundancia. Para Don Francisco siempre era mejor dar de más que quedarse corto, y esa forma de pensar se reflejaba en los enormes platillos que servía, en la calidad de los ingredientes, en la atención del personal y en cada detalle del restaurante.
También se reflejaba en su vida personal. Le gustaba reunir a toda su familia, organizar grandes celebraciones, recibir amigos en sus casas y asegurarse de que nadie se preocupara por nada. Construyó espacios pensando siempre en compartirlos, ayudó a familiares dándoles oportunidades de trabajo y fue un empresario que entendía que el éxito tenía sentido únicamente cuando podía compartirse con los demás.
Con el paso de los años, Los Tres Caballos fue creciendo junto con él. Los salones comenzaron a llenarse de recuerdos, fotografías, máscaras traídas de diferentes partes del mundo, trofeos de cacería, cuadros y regalos de clientes y amigos. Cada objeto cuenta una historia y recuerda a las miles de personas que han formado parte de esta gran familia.
Si Don Francisco fue quien soñó este lugar, María Elena ha sido una pieza fundamental para conservar ese sueño vivo. Con amor, dedicación y una enorme fortaleza, ha acompañado el crecimiento del restaurante durante décadas, cuidando que la esencia con la que nació nunca se pierda.
Gracias a su trabajo, compromiso y amor por la familia, Los Tres Caballos ha logrado mantenerse como un punto de encuentro para generaciones enteras que siguen reuniéndose alrededor de una mesa para celebrar la vida.
Hoy, Los Tres Caballos es dirigido por la tercera generación de la familia. Con profundo respeto por la historia que comenzó hace más de medio siglo, el compromiso es claro: conservar la tradición mientras seguimos evolucionando.
Los Tres Caballos
Servimos historias. Servimos tradición. Servimos recuerdos. Cada familia que cruza nuestras puertas escribe un nuevo capítulo de una historia que comenzó hace más de cincuenta años y que esperamos continúe por muchas generaciones más.
Bienvenidos a Los Tres Caballos, donde la tradición mexicana, la abundancia y la hospitalidad siguen vivas en cada platillo y en cada persona que forma parte de esta gran familia.
Ven a vivirlo